7 am y el frío de la mañana penetra todo el abrigo que pueda llegar a tener. No es mucho, pero la formalidad está ante todo, más si es para solicitar un trabajo.
Los zapatos me aprietan un poco y faltan 22 cuadras, 10 pisos y quien sabe cuantas horas de espera.
Que fría se siente mi nuca con el pelo corto, y de la falta de barba ni hablar...
Soy el prototipo de persona que buscan, soy una más de los trajeados en negro y blanco.
Tan igual a todos, tan distinto a nada. Soy una pieza más de la gran ciudad, que va a tono con sus grises.
Pienso delicadamente las respuestas a sus posibles preguntas.
¿Debería decir que vivo en las afueras de la urbe? Quizás no, detalle que bajará su expectativa sobre mi.
Que suerte que conseguí este traje ¿Qué haría si no? ¿Qué impresión podría dar con unos jeans viejos y una camisa gastada? La seriedad, la formalidad ante todo, definitivamente eso les dará un indicio de cuan capaz soy.
Seguro trabajaré en un cubículo alrededor de 12 horas. 12 horas que me habré ganado, si señor, un trabajo decente para una persona decente que usa traje y corbata.
Que vivo con mi familia quizá no sea una buena información. Una persona que no ganó lo suficiente a su 28 años como para poder vivir solo no es bien visto. Si voy a ser un hombre de oficina debo pensar cada detalle. Los escrúpulos, la seriedad y la formalidad ante todo.
Definitivamente ésto no puede fallar, está todo calculado.
El gel barato de mi pelo no aguantará mucho más así que espero que me hagan pasar rápido ¡Las ansias me carcomen!
Estoy en la puerta del edificio y su inmensidad aumenta mis nervios.
En el ascensor voy con otras 5 personas de traje y corbata, quizás también vinieron a buscar el trabajo. Yo se que va a ser mio, soy inteligente, mi vestimenta lo demuestra.
Sigo pensando, no quiero que se me escape una al creer que lo voy a conseguir. La seriedad ante todo... ¡Ante todo!
Uno a uno van pasando, yo espero, yo espero. Mi momento va a llegar y será perfecto.
'Daniel Aguirre'
Mi nombre al fin, voy a demostrar lo que vine preparando.
Mis encuestadores son dos. Atrás de ellos hay un hombre que mira con extrañeza.
Cada pregunta respondo con precisión, con seriedad ¡Con seriedad!
Sus rostros tienen una expresión que me da temor, pero ellos son gente seria hace muchos años, no puedo juzgarlos.
Terminé, y creo que salió todo bien. Antes de salir escucho al hombre que miraba de atrás diciéndole a mis entrevistadores 'ni se les ocurra tomar al morocho'. Sabía que había un detalle que me faltaba cubrir.
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