Como un
mensaje oculto, una palabra con mil letras, todo era confuso.
Sus uñas
largas caían una atrás de la otra sobre la mesa.
Un sueño,
eso tenía que ser.
A la poca
luz que había se le sumaba mi escasa visión.
Ella estaba
más confundida que yo.
Esos ojos
los recuerdo, y lo extraño es, que eran tan claros dentro de toda la nubosidad.
El frío poco
a poco me recorría, y la luz de la lámpara se volvía más y más tenue.
Su pelo
negro se tornó más negro, y mi corazón comenzó a palpitar al ritmo de sus manos.
Me estaba
volviendo loco en el silencio, y no sabía que esperar de ella.
-Tan cerca
te tengo y sin embargo no disparo
-Te tengo lo
suficientemente lejos como para escapar y aún así estoy acá.
Parece que
mi respuesta la sorprendió, porque en ese momento sus uñas pararon de sonar.
En ese
instante sentí la punta delgada de una pistola apoyándose con dificultad sobre
mi cabeza.
Noté que se
accionaba el gatillo, y luego entendí como seguía vivo, su locura la mató
antes.
